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She believed in dreams, all right, but she also believed in doing something about them.

noviembre 30, 2014

Lunes

Acá estoy de vuelta.
Son las dos de la mañana, y sigo esperando que suene mi teléfono.
Las dos de la mañana de un Lunes. Otro Lunes de todos esos Lunes que le siguieron al primer Domingo, a aquél en que asumimos que estaba todo terminado.
Nos saludamos, un beso en la cara y la mirada al piso, como si así fuéramos a disimular todo lo que se nos pasaba por la cabeza. La gente siguió pasando entre nosotros, amigos que se iban y grupos que se dispersaban.
Habíamos pisado suelo propio después de tanto y la ciudad estaba tan vacía que los pensamientos me hacían un eco descomunal. "¿Vamos?"; levanté la cabeza y me di cuenta que lo que me había parecido una eternidad habían sido apenas unos minutos, y que me estaban esperando para volver a casa.
Voy a creer siempre que fue ego lo que no te dejó sostener aquello que tanto habías repetido, y que por eso me buscaste. Llamalo destino o acto fallido, te di lugar.
Pasaron tantas cosas en el medio que hoy no siento el suelo aquél en que creí estar parada el día que volvimos. Yo estaba segura: no eras vos. Y era tal la seguridad que sentí de eso que me irritó que la pusieras a prueba. Me pareció desfachatado e insolente  el tono en que sugerías que tarde o temprano me ibas a tener donde querías. Arremetí una y mil veces contra esa convicción tuya sin darme cuenta que no eras el tipo que había creído. Corrí con todas mis fuerzas hacia el lugar al que todos me habían dicho que no vaya. Vos no te corriste y no sé si algún día te perdone por no hacerlo.
Me pareció buena idea jugar a demostrarte que iba a lograr con vos lo que vos querías lograr conmigo, para después darme vuelta y emprender la retirada.  En algún punto los dos dejamos de pelear para ver quién hacía caer primero al otro, quizás para dejarnos caer. O porque ya habíamos caído.
Ahí estás, invitándome a irme con un gesto de la mano, mientras tus ojos, clavados en los míos, piden a gritos que me quede. Te hiciste mi todo sin ser nada y siendo de alguien más.
Ya van no sé cuántos Lunes y, si era un juego, perdimos los dos.

noviembre 23, 2012

If we were a movie

     El chico que cantaba con su guitarra, la chica que soñó con su voz y se acercó a hablarle; tenían en común más cosas de la que creían. Se conocieron en poco tiempo y a su forma. Él le mostró su mundo, ella se amoldó a su locura. Vivieron, soñaron, buscaron. Compartieron. Suena de película, ya sé, pero fue así. 
     Entraste a mi vida tan de golpe que ni siquiera noté cuando te fuiste. No sé decir que te quise. Pero tampoco sé decir que hoy no te necesito. Te extraño al lado mío, diciéndome que todo está bien. 
     El cielo fue inmenso y, bajo todas esas estrellas, reinó el silencio. No hacía falta que dijeras nada, tu mirada y tu canción decían más que cualquier otra cosa en el  mundo. Me dabas paz. Una paz que ya no tengo, que busco y sólo encuentro en tu recuerdo. El silencio ya no reina, nos gobierna, y no por elección. Una dictadura en la que impera el miedo... mi miedo, el de no saber qué nos pasó. Me hacen falta tus canciones, tus colores, tu sonrisa y tus ganas de vivir. 
    Tal vez sea tiempo de entender que sí somos distintos, y que lo nuestro aun es como en una película, pero una de esas en las que los protagonistas se separan al final, y encuentran cada uno su camino. Alguna vez sabré qué fue lo que te alejó de mí. 
    Nunca me olvido lo linda que sonaba esta canción cuando la cantabas, y que siempre va a hacer que me vuelvan a la memoria esa tarde, esa callecita de Buenos Aires, ese abrazo y esa voz. Tu voz. 
     
     No puedo hacer  más que desearte un buen viaje, y que seas feliz. Quizás tan feliz como yo supe ser al lado tuyo.

noviembre 17, 2012

Dos desconocidos










Una calle vacía.
Dos desconocidos, un farol, una esquina.
La gente que pasa, sumergida en la rutina,
los autos y sus luces que encandilan las pupilas.
La mirada puesta en algún punto de tu mente,
me borras el mundo con canción y traes la calma.
La calle, los autos, el farol...
dos almas.
Sentados uno al lado del otro, no tenemos mucho que perder;
apoyada en tu hombro, en silencio, respiro.
Me pregunto si es posible, si es real...
Sólo callo. Te miro. Me río...
Debe haber sido en otra vida, otro lugar,
pero lo sé: nos conocimos.
Casi como de toda la vida, 
en tu canción mi sentimiento.
La melodía de tu voz me es familiar, 
me eleva, me llena. Te siento.
Desaparecieron de mi rostro las secuelas
de unas lágrimas borradas por el tiempo.
Los ojos cerrados desvaneciendo el entorno,
y tu voz, que va absorbiendo el ruido.
Otro atardecer que veo morir en Buenos Aires,
y mi rutina, que perdió el sentido.
Me paro y nos veo desde la esquina:
somos dos desconocidos.